Es como cuando de pequeño vas en la bici con los ruedines y un día los quitas. Ya no es cuestión de guardar el equilibrio, porque lo guardas. Es esa sensación de que te vas a dejar los dientes (de leche por aquel entonces) a las primeras de cambio. Hasta que pedaleas esos primeros 100 metros y coges confianza se hace muy dificil, y luego cuando piensas "ya lo tengo" llega la primera curva...

Sé que la inmensa mayoría de vosotros pensará aquello de "le vas a enseñar a papá a hacer hijos". La mayoría de los lectores de este espacio que conozco ya habeis pasado por esto y por cosas más chungas. Al fin y al cabo yo me voy del nido, pero lo tengo a 45 minutos en tren y 20 en coche. Pero permitidme que al menos por esta vez, me sienta polluelo saliendo del cascarón. Con suerte enseguida se me pasará la tontería.
Ahora bien, seguro que se hace más leve con ayuda de los más experimentados, así que acepto desde consejos y palabras de apoyo, a visitas para enseñarme como se plancha un traje o cómo reconocer si un calcetín está del derecho o del revés. (Que los blancos tienen dibujo y se distingue, pero ¿y los negros?)
Ya os iré contando (cuando pueda, porque el internet va a ser una incertidumbre una temporada) mis pinitos con la plancha y la vitrocerámica. Al menos no creo que me falte contenido para el blog.
Pues ya está escrito. Ahora voy a disfrutar de mi último sueño como Alcorconita al menos en esta fase 1 de mi vida ¿quién sabe dónde y cuando será la fase 3?