Así que empecé a irme a la biblioteca a coger ejemplares de los libros famosos que todo el mundo había leído (o debería haber leído). "El señor de las moscas", "El principito", "El retrato de Dorian Gray"... Esto sería más o menos en el verano del 2003, y ya entonces me quedé con ganas de leer el Diario de Ana Frank.
Hace un par de revistas del círculo (que me tienen contento, ya os contaré un día de estos) rescataron del olvido los diarios de esta niña "Holandoalemana" o "germanoholandesa" y los solicité.
¡ Alerta ! Más abajo destripo el final de "El diario de Ana Frank", si alguien no lo ha leido y pretende hacerlo y no conoce el desenlace, que no siga leyendo.

Pues ayer, tras apenas un mes de lectura alcancé las páginas finales. Era junio de 1944, los aliados estaban estableciendo cabezas de puente en la costa francesa. Las tropas alemanas estaban nerviosas, Los rusos avanzaban por el este. La guerra estaba viviendo el principio del fin.
Y a la vez, en una fábrica en Amsterdam, Ana Frank, sus padres, su hermana, un matrimonio amigo de la familia y su hijo, y un dentista alemán de confianza llevaban más de dos años de encierro en un viejo almacen. Dos años comiendo poco más que patatas podridas y viejas verduras. Dos años viviendo asustados cada vez que se oía un crujido en la fábrica, sin saber si era cosa del gato, de la policia o de los ladrones (a cuales más dañinos para un grupo de ocho judíos escondidos). Dos años sin poder abrir las ventanas los días de calor. Dos años en los que las noticias sobre los amigos, conocidos, vecinos y familiares solo hablaban de calabozos y trenes con destino a campos de trabajo...
Ese infierno tenía que acabar, lo más difícil ya había pasado. ya ni siquiera se pasaba por la cabeza otro final que no fuera el feliz desenlace que se tenían merecido. Y cuando llevado por el calendario y el poco peso de las páginas que quedaban al lado derecho del volumen, la ilusión era más grande, en lugar de la fecha del día siguiente y su correspondiente "Querida Kitty" aparece la palabra "Epílogo" y a continuación unos hechos que ya no eran la visión subjetiva de Ana, sino la fría objetividad de los datos oficiales...
Hacía mucho que un libro no me dejaba tan mal sabor de boca.